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lunes, 12 de octubre de 2026

LA LIMPIEZA ELECTORAL ES MÁS IMPORTANTE QUE EL DERECHO AL VOTO DE UNOS POCOS


Sánchez y compañía engolan mucho la voz al referirse al derecho al voto de los beneficiados por la ley de nietos. Un Sánchez completamente hiperbólico se quejaba ayer, por un lado, de que se impidiera votar a los nietos de los exiliados republicanos, mientras se permitía votar a los nietos de los franquistas. ¿Quiénes son estos, por cierto; somos todos los demás? Y, por otro lado, sobreactuando de forma notoria, soltaba la siguiente píldora elaborada en la sala de máquinas de la Moncloa: “el derecho al voto se garantiza, no se prohíbe”.
Hay suficientes indicios como para que cualquier observador imparcial dude de la regularidad y limpieza de los procesos de nacionalización llevados a cabo al amparo de la ley de nietos. El otro día vi en la televisión a una señora que, desde una calle de Buenos Aires, se jactaba de que en su familia se habían nacionalizado 30 personas y que, por supuesto, iban a votar. Cuando le preguntaron por el ascendiente que les había habilitado su reciente nacionalización, explicó vagamente que era su abuelo, que había emigrado a la Argentina en 1902 o 1903, ella no se acordaba muy bien. Es decir, fuera por completo del ámbito temporal de aplicación, no solo de la ley de nietos, sino de la instrucción de la hermana del ministro Puente, que la amplió ilegalmente.
Siendo así las cosas, como ciudadano que posee la nacionalidad española por origen, considero:
1°. Está bien que las Cortes les hayan otorgado la ciudadanía española a los hijos y nietos de los exiliados tras la Guerra Civil.
2° Las personas que no han nacido en España, y que no viven ni tributan en España, no deben tener derecho al voto, aunque posean la nacionalidad española.
3°. Las trapacerías del gobierno y la deficiente gestión administrativa de los consulados han generado dudas razonables acerca de si todas las nacionalizaciones concedidas al amparo de la ley de nietos son correctas legalmente.
Esta situación genera un claro conflicto de intereses, valores y bienes jurídicos enfrentados: por un lado, el derecho de los recién nacionalizados a votar; y, por otro, la exigencia de limpieza electoral. Dicho conflicto debe resolverse afirmando la primacía de la limpieza electoral, frente al derecho al voto de unos cuantos españoles recientes. Se trata de un valor de entidad infinitamente superior, por mucho cínico aspaviento que desplieguen Sánchez y los suyos en los mítines.

 

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