blog personal de manuel gómez
lunes, 12 de octubre de 2026
LA LIMPIEZA ELECTORAL ES MÁS IMPORTANTE QUE EL DERECHO AL VOTO DE UNOS POCOS
UN PROBLEMA NACIONAL
Uno de los problemas políticos
más serios y de más difícil solución que tiene España es el perfil de la
mayoría de los militantes del PSOE. No sabría muy bien cómo definirlo. Se
supone que podemos conocer cómo son políticamente los militantes de un partido
por los líderes que eligen, especialmente, cuando lo hacen a través de
elecciones primarias. También por los programas que aprueban en sus congresos.
Aunque tengo la sensación de que esto último es menos representativo del
verdadero perfil del conjunto de la militancia, pues los programas están más
mediatizados por los líderes que la propia elección del equipo de dirección del
partido.
En este sentido, la deriva del
Partido Socialista en los últimos 25 o 30 años, que lo ha conducido al estado
en el que hoy lo percibimos, es indisociable de la elección por la militancia
de sus dos últimos líderes: Zapatero y Sánchez. Es cierto que no lo tuvieron
fácil los militantes. En la primera tesitura, si mal no recuerdo, las
alternativas a Zapatero fueron José Bono (entonces no se conocían sus trapacerías dominicanas), Matilde Fernández y Rosa Díez. Y, en el
caso de Sánchez, la primera vez se enfrentó a Eduardo Madina y a José Antonio
Pérez Tapias y, en la segunda, a Susana Díaz y Pachi López.
Es cierto que ninguno de los
rivales de uno y otro tenía una categoría política y personal claramente
superior a los elegidos. Pero no es menos cierto que Zapatero era lo que mi
padre habría llamado un chisgarabís. Lo era entonces y lo es ahora, con más de
65 años. Lo único que ha crecido en él con los años es su fatuidad. Además de
su codicia, pero ese es otro cantar.
No obstante, lo más importante, a
los efectos de lo que quiero razonar, fue su política, consistente en un
fomento exacerbado de los derechos de todas las minorías que hay en el mundo,
como leit motiv casi exclusivo de su gobierno. Olvidando el objetivo
tradicional de los grandes partidos socialdemócratas tradicionales: las clases
medias y trabajadoras. Y, al mismo tiempo, sentando las bases para la ruptura
de los consensos básicos de la Transición que Sánchez, finalmente, ha
dinamitado.
Y qué decir de Sánchez. Su
conducta política, más que la de un radical o un extremista es la de una
persona carente de principios. Hoy dice el catedrático Javier Redondo en El
Mundo sobre Sánchez que “Su principio rector es ¿Dónde dice que no se puede
hacer?; y si lo pone en algún sitio, busca el atajo –el intento de reforma del
CGPJ mediante enmiendas transaccionales de otras leyes–, el engaño y el fraude
–cierra una legislatura sin Presupuestos, Ley de Amnistía, de Nietos o
aprobación de decretos en la Diputación Permanente del Congreso, que no refleja
la mayoría parlamentaria...”
La definición de gobierno Frankenstein
con que Rubalcaba tildó al de Sánchez fue completamente ajustada. Se trata de
un monstruo. Una coalición con una extrema izquierda con la que hasta el día
anterior no podría ni dormir tranquilo y con una serie de grupos regionales
reaccionarios (sí, ERC, Bildu y el BNGa también son grupos reaccionarios) cuyo objetivo político fundamental y casi único es la destrucción
de España.
No diré que en los debates de las
elecciones primarias del Partido Socialista fuera patente la deriva que los dos
líderes elegidos tomarían cuando se hicieran cargo del gobierno. Y no podemos
recurrir a la ucronía de imaginar cómo habrían sido las cosas, si la dirección
del partido la hubieran asumido José Bono o Rosa Díez; o Eduardo Madina o
Susana Díaz. Quizá me esté dejando llevar por un sesgo de confirmación, pero
estoy convencido de que, tanto Zapatero como Sánchez, cuando se presentaron a
las primarias, eran lo que podríamos llamar unos candidatos pregonaos.
Vamos, que los militantes sabían perfectamente a quiénes estaban eligiendo y
por qué lo estaban haciendo.
Viene todo esto a cuento de la
reciente elección de Raphaël Glucksmann, en las primarias convocadas por el
Partido Socialista francés, para seleccionar al candidato a la presidencia de
la República. Para empezar, el candidato elegido no es ni siquiera militante
del partido, sino de un partido minoritario, coaligado con el PS, llamado Place
Publique. Pero, lo importante es su política. Y lo que defiende Glucksmann
es una posición netamente socialdemócrata, opuesta, no solo, desde luego, a la
extrema derecha que representa Le Pen, sino a la extrema izquierda de
Mélenchon. En fin, nada amigo de Lepenchon (Arcadi Espada dixit).
Y bien distinto a lo que parece ser la pulsión mayoritaria de los militantes
del PSOE. No de ahora, sino desde hace casi 30 años, cuando manifestaron el
último rasgo de sensatez, eligiendo a Josep Borrell candidato a la presidencia
del gobierno.
jueves, 8 de octubre de 2026
QUEREMOS SABER
El gobierno y la izquierda en
general han convertido a Maricarmen en un icono, en un símbolo de una realidad
(inventada, pero esa es otra cuestión), según la cual, fuerzas económicas
poderosas y desalmadas actúan en la sociedad para maximizar sus beneficios a
costa del bienestar, la salud y hasta la vida de los ciudadanos. Literalmente, Irene
Montero ha llegado a decir que Maricarmen ha sido asesinada. Como lo oyes.
Este símbolo ha sido utilizado
para aprobar mediante sendos decretos-leyes una serie de medidas legales que
pretenden salir al paso de los supuestos abusos de esas fuerzas malignas que solo
existen en la imaginación calenturienta de esta izquierda desorientada que nos
asola. Maricarmen ha sido la inspiración expresa de estos decretos-leyes, hasta
el punto de que la propia Maricarmen es citada en el preámbulo de las normas
legales, un detalle francamente estrafalario, un rasgo de la pésima calidad de
la producción jurídica de la izquierda contemporánea y un ejemplo más de que “la
izquierda no sabe Derecho”.
Las vicisitudes de estos decretos-leyes
y sus consecuencias han elevado el carácter de Maricarmen muy por encima de su
inicial instrumentalización política, convirtiéndose, de hecho, en el núcleo central
del programa político de la izquierda.
Y así, el rechazo de los dos
decretos-leyes por el Congreso ha sido calificado por la izquierda como una
ofensa que le hubieran propinado a Maricarmen y a todas las maricármenes los
partidos de la derecha que votaron en contra de los decretos.
Al propio tiempo, la disolución
de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales anticipadas ha sido el
modo que ha utilizado Pedro Sánchez para reparar las graves ofensas que la
derecha le habría hecho a Maricarmen. La campaña electoral que ya funciona a
pleno rendimiento está teniendo desde el principio como principal y casi único
objetivo de los partidos de izquierda el convencernos a los españoles de que no
debemos votar a unos partidos que han permitido y provocado el desahucio de
Maricarmen.
La muerte de Maricarmen ha sido,
hasta ahora, la guinda de esta repugnante estrategia política, ahora ya con
tintes auténticamente carroñeros. Y son ellos los que nos hablan de buitres.
Manda h… Esta mañana en la radio un tertuliano ha venido a decir que a la
izquierda se le nota demasiado que la muerte de esta señora le ha venido como
agua de mayo, hasta el punto de que a algunos de sus representantes
prácticamente se les ha visto frotándose las manos debajo de la mesa.
Por encima de toda esta basura no
podemos dejar de recordar que la situación de la vivienda en España está ahora
mucho peor que hace ocho años, cuando Pedro Sanchez se hizo cargo del gobierno
de España, presidiendo el gobierno Frankenstein (Rubalcava dixit). Pero,
para una porción importante de españoles, esta circunstancia no merece atención
ni interés. Para ellos, al parecer, no es importante que Pedro Sánchez y sus
gobiernos sean los principales responsables del grave problema de vivienda que
padecemos. Para estos españoles, lo importante es Maricarmen y la crueldad de una
derecha, que ha permitido su desahucio y que, finalmente, ha provocado su
muerte.
Pues bien, si tan importante es
Maricarmen, todos los españoles tenemos derecho a conocer el valor del patrimonio
que ha dejado Maricarmen al morir. El carácter de icono, de símbolo, de ariete
en que lo ha convertido la izquierda, con el notorio y satisfecho consentimiento
de la interesada, hacen que decaiga en este caso cualquier escrúpulo
relacionado con la protección de datos personales.
Por eso, exijo conocer el
patrimonio de Maricarmen y os animo a todos a dirigiros a los organismos oficiales
correspondientes de transparencia, para que el gobierno dé a conocer el
patrimonio relicto de Maricarmen.
miércoles, 7 de octubre de 2026
PRENSA AMARILLA, LA PRENSA DEL RÉGIMEN
martes, 6 de octubre de 2026
PÉRDIDA Y RECUPERACIÓN DE LA MOCHILA
A Joana, Cristina y Américo, sin cuyo concurso esta historia habría tenido, sin duda, otro desenlace.
Y a la decencia de todas las personas por cuyas manos pasó la mochila, aunque no siempre hayan adoptado las decisiones adecuadas.
La esencia de la historia que te voy a contar podría dar para un relato de realismo mágico portugués. Pero,
eso sí, en manos de alguien con más talento y no tan impaciente como yo. Porque
acabo de conocer su desenlace y no me he podido resistir a contarlo inmediatamente.
Sí, y ya sé que lo voy a malbaratar, con esta narración atropellada y apresurada. Pero es lo que hay.
El martes 29 de septiembre último
viajábamos Mati y yo camino de Cascais, donde viven nuestro hijo Carlos y su
esposa, Joana, para acompañarlos, junto con los padres de Joana, en una gestión importante en sus vidas. Decidimos parar a comer en un área de servicio de la autopista
que une el Algarve con Lisboa: el área de servicio Colibrí, de Aljustrel. Con
tan mala fortuna que me dejé olvidada en la cafetería una mochila con diversas
pertenencias. Como un teléfono móvil, unas gafas de sol graduadas, una cartera
con mis tarjetas de crédito, el carnet de conducir y otros documentos; y otras muchas
menudencias y fruslerías.
No reparé en el olvido hasta que
llegué a Cascais. Y, en ese mismo momento, se puso en funcionamiento una
maquinaria genuinamente portuguesa, perfectamente engrasada y de alta precisión,
que ha permitido que, justo una semana después, recupere la mochila
completamente indemne y con todas mis pertenencias en su interior. Ahora te
cuento los pormenores.
Como acabo de decir, la cosa
empezó nada más llegar a Cascais, con una llamada de Joana al área de servicio donde me dejé la mochila. En unos instantes, la empleada le confirmó que una
mochila de las características descritas por Joana se encontraba allí a mi
disposición. Le dijimos que nos pasaríamos el jueves a recogerla, cuando
volviéramos para Sevilla y la propia empleada preguntó que si nos interesaría
recoger la mochila en la cafetería del otro sentido de la autopista, en
dirección a Sevilla, cosa que confirmamos, lógicamente.
Nuestros planes cambiaron y
decidimos volver el viernes, en lugar del jueves. No pensé que esta
circunstancia tuviera por qué perjudicar el rescate de la mochila. En todo
caso, no comuniqué al área de servicio mi cambio de planes, omisión que, como
verás, no tuvo incidencia alguna en las vicisitudes de la mochila.
El viernes fue un día largo e intenso. A las 9 de la mañana Carlos y Joana tenían cita en un banco de Cascais para tratar los temas de la hipoteca. A las 11:30 tenían cita en la agencia inmobiliaria, para firmar el contrato de compromiso de compraventa del piso que habíamos visto el martes, cita que hubo que aplazar una hora, porque la gestión del banco se prolongó. Y a las dos, Carlos y Joana habían reservado para almorzar en el restaurante Montemar, en la Praia do Guincho de la costa de Cascais, para celebrar el feliz (y sumamente oneroso para ellos, todo hay que decirlo) acontecimiento de la compra de un piso. Esta cita también debió aplazarse. De hecho, nosotros llegamos a Montemar después de las tres y allí pudimos disfrutar de las bonitas vistas del Atlántico desde las rocas a las que está encaramado el restaurante.
Después de las cinco de la tarde
partimos Mati y yo para Sevilla, con la vista puesta en el área de servicio de
Aljustrel, adonde llegamos unas dos horas después. Con cierta inquietud me
dirigí a la chica de la caja de la cafetería y le enseñé la pantalla de un
teléfono móvil, en la que el traductor había escrito: “Vim buscar uma
mochila azul” (vengo a recoger una mochila azul).
La empleada, que en ese momento
atendía a varios clientes que hacían cola en la caja, se dirigió a una estancia
interior, donde le transmitió mi petición a otra persona. Esa otra persona, que
parecía de mayor rango, se acercó a la barra, para solicitarme pormenores,
entablándose un diálogo en el que yo a duras penas intenté hacerle comprender
que me había olvidado la mochila en la cafetería que se encontraba al otro lado
de la autopista, que mi nuera había hablado el martes con su compañera de
nombre X y que esta le había confirmado que tenía en su poder la mochila y se había acordado
pasar la mochila a este lado de la autopista, para que yo la recogiera.
Esta segunda empleada de mayor
rango habló por teléfono en mi presencia con la cafetería del otro lado y por
la cara que iba poniendo empecé a temerme lo peor. La empleada entraba a las
dependencias interiores de la cafetería, como si buscara la mochila y
continuaba hablando. Finalmente, la mochila no aparecía en ninguno de los dos
lados de la autopista.
En ese momento llamé a Joana,
para poner a la empleada al teléfono, de modo que esta supiera de primera mano
la conversación que había tenido el martes Joana con la empleada X del área de
servicio. Tras la conversación entre las dos, la empleada me devolvió el
teléfono y Joana me contó lo que yo me temía. Que la mochila no aparecía, que
podría encontrarse en la gerencia del área de servicio, pero que era una
estancia que se encontraba cerrada y las llaves las tenían los gerentes, que
estaban ausentes y no llegarían hasta el día siguiente. De modo que la empleada
le dijo a Joana que iba a hablar con la persona que estaba de servicio la tarde
del martes (X), y con el gerente.
Una vez que hizo ambas llamadas,
la empleada apareció de nuevo en la barra con cara de circunstancias y me pidió
que contactara de nuevo con Joana, para darle a ella las correspondientes explicaciones
en portugués. Cuando hubo terminado, me pasó el teléfono y Joana me dijo que las
explicaciones eran bastante confusas, pero que lo que le habían contado era,
más o menos, lo siguiente: que el mismo día del olvido de la mochila, después
de la conversación de Joana con el área de servicio, momento en el que la
mochila estaba allí, un turista español se interesó por una mochila olvidada
ese mismo día y le dieron la mía, el turista la cogió y se la llevó.
En vista de ello, convencido una
vez más de la maldad intrínseca de la especie humana, lleno de resentimiento e indignación y casi
disfrutando de mi misantropía, decidí seguir la marcha hacia Sevilla, dando por
perdida la mochila. Pero yo no contaba en ese momento con que la maquinaria de
precisión portuguesa, de búsqueda y recuperación continuaba funcionando a pleno
rendimiento. Y así, Joana, que ya tenía el teléfono de la empleada que me había
atendido, le pidió los teléfonos de los gerentes y empleados involucrados y
realizó varias y extensas llamadas de teléfono, con el fin de precisar y
aclarar los términos de las actuaciones realizadas por el área de servicio, en
relación con la mochila.
Los responsables del área de
servicio le aseguraron que iban a inspeccionar las grabaciones de las cámaras
de seguridad, para reconocernos a nosotros, a la mochila y a la persona que se
la llevó, para lo que le pidieron a Joana unas fotos nuestras y de la mochila. También
iban a revisar el listado de las llamadas recibidas durante la tarde del martes.
Esto último era importante, porque, al parecer, la persona que se llevó la
mochila había llamado anteriormente para advertir de que se había olvidado un
bolso azul en la cafetería y de que se iba a pasar a por él.
Fruto de estas gestiones y
conversaciones, Joana consiguió hacerse una idea más precisa de lo que había
ocurrido. Para ello, tuvo que superar las diferentes versiones contradictorias
que le transmitió a lo largo de prolongadas llamadas telefónicas, la persona con la que tuvo la primera conversación el martes (X), así
como la confusión general que parecía reinar en la gestión que había llevado a
cabo el área de servicio sobre el asunto de la mochila.
La cuestión parecía bastante bien
centrada en esas horas finales del viernes, en las que la verdad se iba
abriendo paso poco a poco, si bien, persistían algunas incertidumbres. Y esa
verdad, que era parcialmente diferente a lo que habíamos ido sabiendo desde el
principio, consistía, más o menos, en lo siguiente: Un pasajero de un autobús que
circula por la autopista que une el Algarve con Lisboa (parece que un turista
español) le dice a su compañía que se ha dejado un bolso azul en el área de
servicio de Aljustrel. El departamento de objetos perdidos de la empresa de
autobuses habla con el área de servicio y allí le confirman que hay una mochila
azul extraviada, por lo que la compañía de autobuses le indica al área de
servicio que un conductor de un autobús posterior se pasará a recogerlo. El
conductor no conoce el bolso y da por bueno que lo que le entregan era lo que
había perdido el viajero de su compañía. Al recogerlo, le hacen firmar un
recibo en el que aparece su nombre, Vitaliy Kovalchuk, recibo del que le envían
una copia a Joana.
Las pesquisas ya habían
progresado mucho. A partir del nombre de la persona que, supuestamente, habría
recogido mi mochila en el área de servicio, ya se podría profundizar en la
investigación. Tanto, que, en la misma tarde/noche del viernes 2 de octubre,
Cristina, la madre de Joana, había encontrado en las redes sociales a un tal Vitaliy Kovalchuk, un ucraniano que, efectivamente, era un conductor de autobús
de una compañía asentada en Lisboa.
Posteriormente, Vitaliy Kovalchuk
llega a Lisboa y deposita la mochila en la sección de objetos perdidos de la estación de autobuses. A
partir de ese momento, o la compañía de autobuses, consciente, por el revuelo
producido, de que ha recogido un bolso equivocado, decide no ofrecérselo al
pasajero; o, si se lo ofreció al pasajero, este, en un rasgo de honradez, lo
rehusó, por no ser suyo. Porque lo cierto es que la mochila permanecía allí, como supimos después.
Ahora venían tres días en los que
las pesquisas no pudieron avanzar significativamente: sábado, domingo y un
lunes feriado en Portugal. Sin embargo, el círculo se fue cerrando. Por
ejemplo, el área de servicio le confirmó a Joana que la llamada de teléfono que
recibieron procedía del departamento de objetos perdidos de la compañía de
autobuses y que, efectivamente, las cámaras de seguridad nos habían
identificado a Mati y a mí y al conductor que recogió la mochila lo que permitió, además, confirmar la coherencia de los horarios de cada una de las presencias.
Como acabo de decir, lo cierto es que la mochila
estaba en la estación de autobuses. Porque, estando inconclusas las pesquisas, hasta allí han ido hoy de buena mañana Américo
y Cristina, los padres de Joana y la han recogido. A las 11:33 am (10:33, hora
portuguesa) recibo una videollamada de Américo, en la que me muestra la mochila
y todo su interior que se encuentra, aparentemente, tal y como la olvidé en el
área de servicio de la autopista.
¿Tú crees que algo así puede ocurrir en España? No lo sé, pero sí es cierto que mis frecuentes visitas a Portugal me están convenciendo progresivamente de que en determinados aspectos su grado de civilización es superior al nuestro. Este episodio puede ser una muestra.
Y, no diré que haya llegado a reconciliarme con la condición humana, en
general. Pero estoy dispuesto a admitir que, probablemente, algunos de mis
congéneres no son necesariamente unos desaprensivos. Y, si son portugueses, las
posibilidades de que su conducta sea decente son aún mayores.
lunes, 5 de octubre de 2026
LAS OPINIONES DE NORMAN FOSTER SOBRE LA VIVIENDA Y LOS DECRETOS BASURA DE SÁNCHEZ
Norman Foster, quizá el más famoso arquitecto vivo del mundo en este momento, concede una entrevista al diario El País, con motivo de uno de sus proyectos, la obra de reforma del Museo de Bellas Artes de Bilbao, que mañana se abre al público.
El periodista le pregunta qué se puede hacer para atajar la grave crisis de la vivienda que padecemos. Y, en apenas unos segundos de respuesta, este prestigioso arquitecto manda a la mierda los dos decretos que Sánchez va a aprobar mañana, fraudulentamente, según algunas opiniones jurídicas que me merecen crédito.
Ante la pregunta, “¿Cómo puede una gran ciudad española solucionar el problema del acceso a la vivienda asequible?”, dice Foster, entre otras cosas, lo siguiente: “Hemos visto un desplazamiento total desde el ámbito público al ámbito privado. Quizá una de las respuestas sea encontrar un mejor equilibrio entre los dos.”
Y luego, continúa diciendo: “en el pasado los gobiernos, tanto municipales como estatales, tomaban iniciativas más osadas.” Y, cuando el entrevistador le pregunta: “¿Qué tipo de iniciativas?”, Foster responde: “Por ejemplo, una gran cantidad de suelo pertenece a las ciudades y a los gobiernos. Y uno de los problemas es el coste del suelo. Si las autoridades locales no ponen ese suelo a valor de mercado, sino quizá a un valor para la comunidad, eso puede cambiar la situación.”
Mayor iniciativa pública y suelo más barato. Medidas y decisiones inteligentes, eficaces y eficientes y no las torpes, resentidas y fraudulentas medidas de los decretos basura que Sánchez va a poner de nuevo en circulación.
domingo, 27 de septiembre de 2026
SI NO FUERA POR MARICARMEN
El llamado problema de la
vivienda, la principal preocupación de los españoles, según el INE, es una de las
más claras manifestaciones de algunos de los más graves extravíos en los que se
encuentra sumida España.
La vivienda es un problema porque
es muy cara, tanto en su modalidad de compra, como de alquiler. Y una de las
consecuencias socialmente más dolorosas es la cantidad de desahucios que se
producen anualmente (más de 25.000), generalmente, por falta de pago de la
renta o del crédito hipotecario contraído para la compra.
La solución a este problema es
muy difícil y compleja. Dificultad y complejidad que se ven agravadas por
circunstancias específicamente españolas.
En primer lugar, las soluciones
que suelen exponerse públicamente son, con frecuencia, puramente ideológicas.
Unos dicen que hay que liberalizar salvajemente el suelo y suprimir o debilitar
los numerosos controles públicos a los que están sometidas la planificación
urbana y la construcción. Otros dicen que la solución está en la creación de un
gigantesco parque público de viviendas, porque gigantesco tendría que ser para
dar respuesta a la situación actual. Unos y otros proponen medidas fiscales en
todas direcciones y, por tanto, con frecuencia, incompatibles o, como mínimo,
contradictorias. Y, en fin, no faltan arbitristas que propugnan la expropiación
masiva de viviendas privadas para ofrecerlas como viviendas sociales, la
prohibición de los desahucios y otras ocurrencias.
Francamente, si yo tuviera que
decidir las actuaciones a llevar a cabo para solucionar el problema de la
vivienda me vería en un grave aprieto, porque no tengo ni idea. Lo único que sé
es que se trata de un problema cuya solución solo es posible a largo plazo, por
no decir a muy largo plazo. Esto ya supone de por sí una dificultad, ya que los
responsables políticos carecen de motivación para abordar un problema cuya
solución no les va a reportar ningún beneficio electoral a corto y medio plazo y
sí, probablemente, algunos sinsabores.
Si, además, tenemos en cuenta que
los políticos que han de tomar las medidas correspondientes lo son de todas las
esferas territoriales, central, regional y local, cada una con sus calendarios
electorales, muchas veces superpuestos, cada uno con su disciplina política, ya
tenemos un escenario que de ninguna manera favorece o facilita los acuerdos de
largo y profundo alcance que tendrían que adoptarse para abordar la solución
del problema.
Este es, muy esquemáticamente, uno
de los extravíos a los que me referí al principio y constituye, además, el
contexto en el que ha explotado el desahucio de la señora Maricarmen en el
distrito de Retiro de Madrid.
Lo que me permite adentrarme en
el segundo extravío de los que quería hoy hablar. Me refiero a la simpleza
infantil con la que una buena parte de la sociedad española a todos los niveles
ha reaccionado ante el famoso desahucio de Maricarmen.
Como dije antes, en España se
producen anualmente más de 25.000 desahucios y los medios de comunicación nos
cuentan los detalles de algunos de los más penosos, por implicar a personas que
carecen de todo medio de subsistencia, menores de edad, ancianos, etc. Por
razones ignotas, la sociedad española ha decidido estallar ante el desahucio de
una persona que, a pesar de que fue advertida hace más de 20 años de que no
podía legalmente seguir viviendo en su piso alquilado, si no pagaba la renta
que le exigía su propietario, decidió atrincherarse, dejar de pagar lo que le
exigían y seguir contemplando el parque del Retiro desde su ventana, esperando
a que el día del desahucio no llegara nunca.
Pero el día llegó y lo que era un
problema individual de asistencia social, que se habría resuelto ingresando a
la señora en una residencia, si es que no quiere procurarse ella misma otra
vivienda (con el importe de su pensión y con menos viven miles de españoles), se
convierte de pronto en la clave de bóveda del gran problema nacional de la
vivienda.
Una ministra del gobierno exige
(no propone, exige) que se expropie la vivienda y se le entregue a Maricarmen. Qué
solución más eficaz e inteligente. Cómo no se le habrá ocurrido a nadie antes.
Cada vez que uno deje de pagar la hipoteca o la renta, porque no pueda o porque
no quiera, la administración la expropia y se la entrega al deudor. Mientras,
los demás pagamos nuestros impuestos para que el Estado pueda financiar tan
benéfica política y, con lo que nos quede, seguimos pagando nuestras viviendas.
Miles de manifestantes se
aglomeran alrededor del portal de Maricarmen para protestar por su desahucio y
para impedirlo, si es posible. Y una buena parte de los españoles lloriquean
desde sus casas sintiéndose muy concernidos por el problema de Maricarmen y
acompañando en espíritu a quienes se manifiestan in situ.
En las tertulias televisivas y
radiofónicas nadie se atreve a llamar a las cosas por su nombre y se le pide al
gobierno, a los partidos, al ayuntamiento y a la comunidad de Madrid que hagan
algo, que impidan, por favor, el desahucio de Maricarmen. Nada o casi nada
dicen en este momento de los otros 24.999 desahucios.
Bueno, sí hay un tertuliano que
ha decidido esta mañana, en la cadena SER, llamarles a las cosas por su nombre, según su
particular entendimiento. El escritor Juan José Millas ha calificado de
secuestro el desahucio de Maricarmen. Así, sin anestesia, ha utilizado el
término penal de secuestro una decena de veces o más. Además, lo ha hecho con
conocimiento de lo que estaba diciendo, porque tenía muy claro quiénes eran los
autores de ese crimen: el Tribunal Supremo, el ministro del Interior, el
juzgado que practicó el desahucio y los policías que lo auxiliaron. Ha llegado
a decir que el ministro Marlasca debió dimitir negándose a realizar el
desahucio/secuestro, lo que le habría reportado salir a hombros por la puerta
grande.
El conjunto de la sociedad
española asiste expectante este fin de semana a las intensas negociaciones que
llevan a cabo la parte socialista del gobierno con su otra parte y con el resto
de las fuerzas políticas que habitualmente lo extorsionan, con el fin de sacar
el martes un Decreto Ley que dé respuesta al apesadumbrado estado de ánimo en
el que se encuentra sumida la sociedad española, debido al desahucio de
Maricarmen. Un desahucio que solo sería explicable si se tiene en cuenta la
extrema crueldad del alcalde Almeida y de la presidente Ayuso y de su partido.
Porque la sociedad española no tiene ni idea de cómo se resuelve el problema de la vivienda. Lo cual no es raro, porque, en realidad, nadie lo sabe. Así que el gobierno simula que en tres días va a ser capaz, no solo de elaborar, sino de acordar con una mayoría del Congreso un plan que resuelva el problema de la vivienda en España. En un asunto tan sumamente complicado como este, algo que no ha sido capaz ni de abordar en los ocho años que lleva gobernando, el gobierno Sánchez pretende resolverlo con un decretoley. Y todo, gracias al desahucio de Maricarmen. No tenemos remedio.
martes, 8 de septiembre de 2026
¿QUÉ PRETENDE INVESTIGAR LA JUEZ DE LA AUDIENCIA NACIONAL?
Vamos a ver, según la Constitución, el gobierno dirige la política interior y exterior, la administración civil y militar, y la defensa del Estado. Tras la invasión de Ceuta, el gobierno no se cansa de decir, contra toda evidencia, que Marruecos no ha tenido nada que ver. No creo que cueste admitir que esta postura, la compartamos o no, es una manifestación de las políticas exterior y de defensa, que ya hemos dicho que le corresponden al gobierno.
Ahora, admitamos que el gobierno esté exculpando a Marruecos, porque considera que es la postura política más adecuada para resolver el problema del modo que el propio gobierno considera más satisfactorio. Puede estar equivocado, pero es su competencia y esa decisión, de no culpar a Marruecos, es una decisión política legítima que, además, no es susceptible de revisión, en las cuestiones de fondo, por ningún juez o tribunal. Como tampoco puede entender ningún juez o tribunal de la decisión de retirar a un embajador o de no retirarlo o de romper relaciones diplomáticas con un país o dejar de hacerlo.
La sociedad española está traumatizada por la invasión de Ceuta y sus consecuencias. El gobierno está haciendo lo que considera necesario para resolver este espinoso problema, pero a un sector importante de la opinión pública le parece que no está haciendo lo suficiente y no está de acuerdo con que no se culpe al Estado de Marruecos de la invasión. No obstante, se piense lo que se piense de las medidas que se están tomando, sin duda mejorables, de ninguna manera pueden ser calificadas, ni siquiera indiciariamente, como delictivas.
Entonces, ¿qué demonios está investigando la juez de la Audiencia Nacional? ¿Qué pretende esa juez, sustituir al parlamento, en sus funciones de control de la acción del gobierno; o, peor, interferir en la política internacional y de defensa del gobierno? ¿Pretende investigar la conducta de las autoridades y funcionarios marroquíes que, supuestamente, urdieron la invasión? Parece que no se da cuenta de que no va a conseguir nada por esa vía, porque no va a contar con la colaboración de dichas autoridades y funcionarios. Y, lo que es peor, no se da cuenta de que esa vía de investigación va a interferir ilegítimamente y puede que con nefastas consecuencias, en la estrategia del gobierno en sus relaciones internacionales con un estado extranjero. Y, si lo que pretende es investigar las decisiones del gobierno, ¿qué se propone, dirigir ella las funciones ejecutivas que le corresponden al gobierno y la administración, determinando cuántos soldados o policías se deben destacar en Ceuta, cuántas mantas y tiendas de campaña se deben proporcionar para alojar a los invasores, el modo de alojar y escolarizar a los menores, etc., etc.?
La juez está contando con el apoyo de todo el estamento judicial, empezando por la presidente del Consejo General del Poder Judicial. Es absurdo, pero de qué nos vamos a extrañar, si los jueces españoles, como colectivo, nos demuestran cada día que cultivan su solipsismo tranquilamente acomodados en su torre de marfil.
Pero, quienes están jaleando a esta juez desde los partidos políticos y los medios de comunicación parece que pretenden desgastar al gobierno, sin reparar en las graves consecuencias que puede llegar a tener esta interferencia judicial.
En la sociedad española se ha instalado la convicción de que todos los problemas, todos los conflictos, cualquiera que sean su naturaleza e implicaciones, son susceptibles de ser resueltos por vía judicial. Y, en especial, cuando no nos gustan las decisiones del gobierno o queremos acabar con él antes de tiempo, no estamos dispuestos a esperar a las próximas elecciones, sino que buscamos a un juez para que lo meta en cintura y, si es posible, que lo meta también en la cárcel. Y así nos va.
domingo, 6 de septiembre de 2026
MARLASKA TIENE RAZÓN
Todos sabíamos que la invasión de Ceuta no podía haber sido un acto espontáneo. Hemos visto en la televisión cómo docenas de personas se bajaban de camiones y eran dirigidas hacia la frontera española por policías marroquíes uniformados. En general, nadie con dos dedos de frente ha podido creer que en una satrapía como Marruecos fuera posible movilizar a 80.000 personas sin el conocimiento y el consentimiento del gobierno. Y, como no se nos alcanza a imaginar qué iniciativa privada o no oficial se haya podido embarcar en semejante proyecto, la única alternativa verosímil que nos queda es la de entender que la invasión de Ceuta ha sido obra, directa o indirectamente, del propio gobierno marroquí.
A
pesar de esta evidencia incontestable, el gobierno español, no solo se ha
venido inventando otros autores de la invasión (las mafias, Israel, Rusia...),
sino que desde la primera hora está alabando la actitud de Marruecos,
considerándolo un colaborador leal en la solución del problema. Uno puede
entender, hasta cierto punto, esta actitud del gobierno. Baste imaginar lo que
podría haber ocurrido si, una vez que los 80 mil invasores entraron en la
ciudad, Marruecos hubiera cerrado su frontera, impidiendo el retorno de sus
ciudadanos. La experiencia nos ha enseñado que, para las autoridades
marroquíes, con su rey a la cabeza, la vida y la seguridad de sus súbditos
están a su servicio y que no dudan en emplear a hombres, mujeres y niños como
carne de cañón en sus estrategias políticas. De paso, no puedo dejar de
resaltar lo significativo que resulta que estas conductas tan inhumanas sean
desplegadas por el denominado Comendador de los creyentes, título religioso del monarca
marroquí, descendiente del profeta. Quiero decir que algo tendrán que ver estas
cosas con la esencia del Islam, esa religión tan humanista. En definitiva, nada
cuesta imaginar que la frontera podría haber sido cerrada por Marruecos, con
las catastróficas consecuencias que habría llevado aparejadas, estas sí, más difíciles de imaginar
en su entera magnitud.
En
los primeros días tras la invasión, la juez de la Audiencia Nacional María Tardón,
dando curso a una denuncia presentada por una entidad vinculada al partido
político VOX, abrió unas diligencias para esclarecer si los hechos relacionados
con la crisis ceutí pudieran ser constitutivos de delitos imputables a personas
concretas. En este punto, resulta digno de destacar que en España siempre haya
un juez o tribunal (o varios), dispuesto a estrujar unos hechos, cualquiera que
sean su naturaleza, transcendencia e implicaciones, con el fin de extraer de
ellos alguna sustancia criminal, por peregrina que esta sea. Especialmente, si
con los hechos de que se trate están relacionados políticos de cualquier
tendencia. Este fenómeno no es una extravagancia inofensiva de la vida pública
española. Al contrario. Desde el momento en que un juez penal entra a conocer
de unos hechos, el meritado juez o tribunal se atribuye una supremacía
inatacable sobre aquellos, convirtiéndose en un auténtico agente
plenipotenciario sobre un sector de la realidad, cuyo perímetro lo define el
propio juez o tribunal. Ninguna otra persona o entidad, ni ninguna otra
autoridad pública podrá inmiscuirse en modo alguno en las cuestiones que
ventila ese juez o tribunal, so pena de acabar acusado de delitos relacionados
con el entorpecimiento de la acción de la justicia.
A finales de agosto se dio a conocer, como tantas otras veces de un modo subrepticio, el informe que la juez le encargó a la policía y que desvelaba, más o menos, lo siguiente:
- Que la invasión había sido urdida por la policía y los servicios secretos del régimen autoritario marroquí.
- Que la crisis de Ceuta no era un fenómeno migratorio, sino algo más parecido a la Marcha Verde de 1975. Es decir, personas corrientes encuadradas por Marruecos y utilizadas como ariete en una estrategia de anexión territorial.
Al
conocerse el contenido del informe, el ministro del Interior, Grande-Marlaska,
le afeó a la policía y a la juez del caso que le hubieran hurtado el conocimiento
durante semanas de una información tan importante para la seguridad e
integridad de España. Y no solo eso, sino que presentó una queja ante el
Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Como es lamentablemente habitual en
España, todos los medios políticos y periodísticos afines al ministro hicieron
piña con él en su queja y todos los del otro bando hicieron justo lo contrario.
No me voy a detener en estas reacciones, ya que, al estar viciadas del
irritante sectarismo que impregna la vida pública española, no merecen apenas
crédito. Podemos asegurar sin temor alguno a equivocarnos, que si los actores
de la actual farsa hubieran sido los contrarios, los hunos y los hotros habrían
intercambiado los papeles que hoy están jugando, sin rubor alguno.
De
modo que me voy a fijar, exclusivamente, en las reacciones del estamento
judicial a las quejas de Marlaska. Bien, los jueces han salido en tromba a
defender a la juez Tardón y lo han hecho de un modo inopinadamente enfático.
Visto desde fuera, pareciera que el ministro le hubiera ordenado a la policía
un registro del juzgado con cacheo de su titular incluido. Cuando lo que ha
hecho Marlaska es quejarse de no haber sido informado de unos hechos tan
importantes y graves y con tanta transcendencia para la seguridad e integridad
del Estado.
Frente
al ministro, la Presidenta del CGPJ, la junta de jueces de la Audiencia
Nacional, jueces tuiteros, jueces tertulianos y jueces sin graduación
específica han reaccionado como si el ministro hubiera perpetrado un gravísimo
atentado contra la independencia judicial. Cabe decir que la proverbial
soberbia de los jueces españoles ha alcanzado grados próximos al paroxismo en
estos días. Un juez tertuliano particularmente ensimismado y que habitualmente envuelve
sus desatinos en un pringoso verbo leguleyo, tan irritante, ha llegado a decir
en la televisión que es una deshonra que Fernando Grande-Marlaska haya sido juez
alguna vez.
El estamento judicial sostiene, básicamente, dos ideas:
- En primer lugar, que la juez debe seguir investigando los hechos en su juzgado, algo que, aparentemente, ni el ministro ni nadie ha puesto en cuestión.
- En segundo lugar y todavía más enfáticamente, los jueces, como un solo hombre, han defendido el derecho de la juez a entender en exclusiva y mantener en secreto el contenido de los informes que le ha elevado la policía sobre el asunto que investiga.
Expuestas
así las cosas, yo me permito preguntar: ¿es lícito y, sobre todo, es lógico y
racional que un juez tenga la facultad de investigar un asunto, unos hechos, un
problema concreto, en un caso como el que nos ocupa? Es decir, si la nación es
objeto de un ataque por un país extranjero como del que ha sido objeto España;
¿el poder ejecutivo puede quedar lastrado por unas actuaciones judiciales que
nada pintan en el escenario en ese momento?
Sobre
este particular, uno de los argumentos esgrimidos por la junta de jueces de la
Audiencia Nacional no puede resultar más patético. Estos buenos señores (y
señoras), en una carta firmada por unanimidad de los nueve miembros de la Junta
de Gobierno del citado tribunal, han mostrado su “absoluto respaldo” a
la juez Tardón y han manifestado que “no solo no ha interferido en la
seguridad nacional con su actuación”, sino que “está actuando para la
preservación y defensa del interés general de España”.
Examinadas
detenidamente, estas expresiones no merecen otro calificativo que el de un
auténtico lapsus linguae de sus autores. Uno debe convenir que, si fuera
verdad que la función de los jueces es la preservación y defensa del interés
general de España y además en exclusiva, como todo lo suyo, serían lógicas sus
protestas. Pero esas expresiones no son sino una salida de tono absolutamente
exacerbada. La defensa del interés general de España no significa nada, si no
es aplicada al caso concreto de que se trate. Por definición, todas las
autoridades y funcionarios públicos y aun el conjunto de los ciudadanos, han de
velar por el interés general de España. Pero, supongamos que España fuera
objeto de un ataque a su seguridad e integridad territorial por una potencia
extranjera, con empleo de tropas y armas terrestres, marítimas y aéreas. ¿Te
gustaría, o mejor, te parecería admisible que un juez decidiera en plena guerra
investigar la presunta sustancia penal del ataque? O, más bien preferirías que
el gobierno de tu país dispusiera de todos los medios y de toda la información
necesaria, todo ello sin interferencias judiciales, para defender la seguridad
e integridad de España. ¿No es algo parecido lo que ocurrió a finales de julio
en Ceuta que, no en vano, ha sido calificado como un episodio de guerra híbrida
de Marruecos contra España, con el objetivo final de apropiarse de Ceuta y
Melilla y quién sabe si de las Canarias?
La
impresión que ha dado con su respuesta el conjunto del estamento judicial
español ha sido la de que se encuentra todo él apaciblemente instalado en una
torre de marfil. Su exigencia de que se respete su competencia para entender y
además con exclusividad de unos asuntos tan graves y transcendentes, no solo
pugna con valores, como la seguridad e integridad del Estado, que con toda
naturalidad los ciudadanos podemos valorar como de mayor relevancia que la
independencia judicial o las competencias judiciales; sino que es contraria al
sentido común.
Y lo
que es de todo punto ridículo es que el sistema judicial en su conjunto, que
tolera a diario sin escándalo y, lo que es peor, sin perseguirlas, toda clase
de filtraciones de sumarios y diligencias judiciales que deben permanecer
legalmente reservadas, se escandalice porque un ministro reclame una
información necesaria para el ejercicio de las graves funciones que tiene
encomendadas en este caso. Y que estoy seguro de que la mayoría de los
ciudadanos queremos que disponga de ella para nuestra defensa. Porque ¿cómo
piensan estos jueces defender el interés general de España de los ataques que
sufra; con diligencias judiciales?
Los
jueces no están para eso. Ellos viven a otro ritmo. Baste decir que la juez
acordó solicitar el informe a la policía el día 31 de julio, pero la
comunicación no les llegó a los agentes hasta el día 3 de agosto. Y es que los
jueces no están para gobernar. No sería de extrañar que la juez se hubiera
dirigido a los agentes por correo certificado con acuse de recibo. ¿Te imaginas
que la defensa nacional debiera materializarse mediante los protocolos, formas
y plazos (los reales y los legales) que se gasta la administración de justicia
en su mostrenco cotidiano proceder? Y es que los tiempos y los medios de los
que dispone la justicia son incompatibles con la celeridad y contundencia que
en determinados casos requiere el despliegue de la acción ejecutiva, máxime en
temas relacionados con la defensa del territorio.
No
puedo dejar de mencionar en este punto un caso que investigué en su momento,
relativo a las actuaciones judiciales realizadas en los prolegómenos del
referéndum ilegal del uno de octubre de 2017 en Cataluña y en la propia jornada
de la consulta. Este episodio es una muestra paradigmática de las desastrosas
consecuencias que pueden llegar a tener unas actuaciones judiciales realizadas
extemporáneamente y con un exceso de celo respecto de la función constitucional
que le corresponde al poder judicial.
En
las semanas previas al referéndum, la Fiscalía Superior de Cataluña había
dictado una serie de instrucciones, dirigidas a todos los cuerpos policiales,
que tenían como objetivo impedir que tuviera lugar la consulta que el Tribunal
Constitucional había suspendido y que, por tanto, no debía celebrarse. En
aquellos días, el gobierno de España encomendó al coronel de la Guardia Civil
Pérez de los Cobos las funciones de coordinación de todos los cuerpos
policiales, es decir, incluida la policía regional catalana. Y es de suponer
que entre las funciones que estaría desarrollando este coordinador debió
encontrarse el cumplimiento de las instrucciones de la Fiscalía Superior de
Cataluña. Estas instrucciones eran detalladas y juiciosas. Entre las órdenes
que la Fiscalía impartió a la policía estaba la de intervenir todos los locales
previstos como colegios electorales, desde días antes del día del referéndum.
Si estas instrucciones se hubieran cumplido, con seguridad, la jornada del uno
de octubre de 2017 habría tenido un carácter bien distinto al que tuvo. En
especial, probablemente, nos habríamos ahorrado las imágenes que tanto daño
hicieron al prestigio y la reputación internacional de España, de policías aporreando a las personas que
hacían cola en los colegios electorales. Por supuesto, la conducta de los
ciudadanos era contumazmente ilegal y la policía actuó legítimamente, pero el
daño al prestigio de España y a la causa constitucionalista fue inevitable.
¿Por
qué digo que nos habríamos evitado el aporreamiento de los ciudadanos
levantiscos? Porque si la policía hubiera tomado posesión de los locales
electorales varios días antes de la consulta, los hubiera clausurado cuando no
había nadie en ellos y hubiera mantenido un retén de guardia en cada uno, como
detallaban las instrucciones de la Fiscalía Superior de Cataluña, no habría
sido posible que los organizadores los hubieran ocupado durante todo el fin de
semana, como hicieron, situando allí a decenas de personas, que pasaron día y
noche en ellos y franquearon la entrada de las urnas y de todos los archiperres
necesarios para realizar la consulta. El domingo 1 de octubre, a primera hora
de la mañana, nada impidió constituir las mesas y empezar las votaciones.
¿Qué ocurrió entre medias? Pues, lo que ocurrió fue que una juez del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), que instruía unas diligencias contra las autoridades de Cataluña, por la organización del referéndum, decidió el 27 de septiembre de 2017, es decir, a cuatro días de la consulta, desmantelar todo el dispositivo que había desplegado la Fiscalía Superior de Cataluña y asumir ella misma la dirección de las operaciones policiales tendentes a evitar la celebración del referéndum. No voy a detallar mucho más este asunto, al que le dedicaré una entrada específica de este blog, con las averiguaciones que he hecho hasta ahora. Pero sí diré, brevemente, que la irrupción de esta magistrada en el asunto tuvo dos consecuencias que a la postre resultarían letales para la seguridad e integridad del Estado de derecho en Cataluña y para la vigencia de la Constitución en aquella región, facilitando la acción de los sediciosos, que estuvieron a punto de culminar con éxito el golpe de Estado en el que estaban embarcados. Estas consecuencias a las que me refiero fueron las siguientes:
- Al no cumplirse las instrucciones de la Fiscalía, los locales electorales quedaron en manos de los sediciosos, quienes, como hemos señalado más arriba, los ocuparon durante todo el fin de semana, facilitando la celebración de la consulta ilegal.
- Por otro lado, la juez del TSJC introdujo en su extemporáneo auto una serie de previsiones, que fueron utilizadas por los sediciosos jefes de la policía regional catalana para abstenerse de intervenir en los locales electorales el día de la consulta y los anteriores, con la finalidad de impedir la misma. Entre dichas previsiones se encontraba la instrucción a la policía para que las actuaciones que realizaran con la finalidad de impedir la celebración del referéndum se llevaran a cabo “sin afectar la normal convivencia ciudadana”. Por otro lado, la juez ordenó a la policía que impidiera “la utilización de locales o edificios públicos -o de aquéllos en los que se preste cualquier tipo de servicio público- para la preparación de la celebración del referéndum, sin que ello suponga interferir en el normal funcionamiento de dichos locales”. Finalmente con un carácter puntilloso digno de mejor causa, la juez llegó a decir lo siguiente: “En el caso de que los actos de preparación del referéndum o los que se produjeran el día 1 de octubre, tuvieran lugar en edificios con instalaciones compartidas de servicios públicos en funcionamiento ese día o en fechas anteriores, se procederá únicamente al cierre de aquellas dependencias en las que se hicieran actos de preparación o fuera a celebrarse la votación el día 1, cuidando de que no se vea afectado el resto de dependencias en las que se deban seguir prestando los servicios que les sean propios.”
Todas
estas determinaciones, que cualquiera podría decir que estaban allí puestas completamente
a sabiendas de sus efectos y consecuencias, fueron utilizadas, como hemos
dicho, por los sediciosos jefes de la policía regional, como excusa perfecta
para abstenerse de evitar la celebración del referéndum. Ya que, como pusieron
de manifiesto las actuaciones que sí desplegaron los cuerpos policiales del
Estado (Policía Nacional y Guardia Civil), resultaba imposible impedir la
celebración del referéndum sin afectar a la normar convivencia ciudadana, sin
interferir en el normal funcionamiento de los locales electorales y sin afectar
al resto de dependencias públicas ubicadas en dichos locales.
Lamentablemente,
mi experiencia me dicta que estas consideraciones que acabo de hacer resultan
inaccesibles para el solipsismo en el que viven los jueces españoles. La
desastrosa actuación de esta juez, pretendiendo desempeñar extemporáneamente unas
funciones ejecutivas a las que nadie le había llamado y para las que carecía de
medios eficaces produjo los gravísimos efectos ya conocidos. Efectos de los
que, no solo es que no ha tenido que responder ante ninguna instancia, sino que
nadie hasta ahora, que yo sepa, ha calificado públicamente como se merecen.
En
definitiva, con este largo excurso he querido poner de manifiesto las
desastrosas consecuencias que puede llegar a tener lo que en ocasiones se ha denominado
el gobierno de los jueces.
Porque,
si ha habido una denuncia o querella se entiende que el juez o tribunal concernidos
deban actuar. Pero eso no significa, en modo alguno, que su actuación consista
necesariamente en abrir unas diligencias penales y seguir adelante con ellas,
aunque el mundo se hunda. Los jueces, tan imaginativos a veces en la
interpretación de las leyes para afirmar su jurisdicción, por qué no emplean
ese don para afirmar justo lo contrario y no interferir en las actuaciones de
defensa de la seguridad e integridad territorial del Estado que le competen al
poder ejecutivo, que es el llamado constitucionalmente para ello.
Este
asunto tiene otra derivada que no puedo dejar de lado. En los últimos tiempos
estamos asistiendo a una tensión más o menos soterrada entre, por un lado, el gobierno
(en sentido amplio, podríamos decir que uno de los polos lo integra no solo el
gobierno, sino el PSOE y, en general, la mayoría en la que se ha venido
apoyando); y, por otro lado, los jueces. No me atrevo a decir que el otro polo
de la controversia sea el poder judicial en su conjunto. Dejémoslo en los
jueces, de momento.
El
gobierno et alii se están revolviendo indisimuladamente contra
determinadas actuaciones judiciales que les afectan, no limitándose a criticar
las resoluciones judiciales, sino llegando en algunos casos a desacreditar la
labor judicial y a algunos jueces, acusándolos de hacer política desde los
juzgados.
Se
trata de un asunto extremadamente preocupante, pero no es este el momento de
profundizar en el mismo. Solo quiero dar una pincelada. Es evidente que por
razones sociológicas, la mayoría de los jueces son más bien de derechas y eso
es algo que debería corregirse. Pero, mientras tanto, todos debemos respetar, y
el primero el gobierno, la importante labor que desempeñan los jueces en la
sociedad. Comprendo que a veces resulte irritante que se note demasiado el
sesgo político de determinadas resoluciones judiciales. Pero el gobierno no se
debería permitir que esa irritación le lleve a desacreditar la labor judicial,
sino que está obligado a combatirla con los medios previstos legalmente y, si
no le satisface el resultado, deberá promover las reformas legales que sean
necesarias. Todo menos embarcarse en la labor subversiva de atacar a los jueces.
Dicho
esto, lo que quiero poner de manifiesto en este momento es que conductas como
la que estoy comentando, en las que el estamento judicial en su conjunto se ha posicionado
como lo ha hecho contra el poder ejecutivo, tienen el efecto perverso de cargar
de razón a quienes piensan que los jueces hacen política contra un gobierno de
izquierdas, porque son de derechas.
En
definitiva, como creo que ha quedado claro en las líneas anteriores, mi opinión
es que Grande-Marlaska tiene razón. Con todo, esto no es desde luego lo más
importante. Lo más importante es que la juez Tardón, al ocultarle al gobierno
la información de la que disponía, ha podido poner en peligro la seguridad y la
integridad territorial de España. Y, cuando el gobierno lo ha advertido, el
estamento judicial español en su conjunto, encabezado por su presidenta, ha
demostrado públicamente a la sociedad española que está encantado de haberse
conocido.
martes, 1 de septiembre de 2026
CEUTA, SEGÚN DAVID TRUEBA
miércoles, 19 de agosto de 2026
DÓNDE DEBEN ESTAR LOS DEMÓCRATAS EN EL DEBATE SOBRE EL VELO ISLÁMICO
La creciente presencia en España
de personas de religión musulmana nos plantea determinados desafíos que, como
sociedad regida por un Estado democrático de derecho, no podemos dejar de lado.
El pasado mes de abril tuvo lugar
en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados un debate, relativo
a una proposición del Partido Nacionalista Vasco, en la que se
propugnaba la creación de una comisión para el estudio de la posible prohibición
del velo integral en la esfera pública en España.
En el video que ilustra esta
entrada del blog se incluyen las intervenciones en el debate de los
representantes del Partido Socialista y del Partido Popular.
Puedes contemplar descarnadamente
cómo la derecha enarbola principios que la izquierda siempre ha considerado
suyos, en la defensa de los derechos fundamentales, de la igualdad de todos los
ciudadanos ante la ley y de la protección de los más débiles. Formulando un
discurso coherente y sólido, que cualquier persona con convicciones democráticas
no puede sino aplaudir, incluso clamorosamente en algunas de sus partes, como
cuando razona sobre las diferencias que existen entre los países y sociedades
de raíces culturales islámica y cristina, en favor de estas últimas.
Mientras, la izquierda se pierde
penosamente en una clamorosa falta de principios, abrazando un relativismo
moral inaceptable y acusando a la derecha de oportunismo, por defender, precisamente, lo que han
sido en el pasado banderas de la izquierda, por cierto, no siempre compartidas
por la derecha.
No es que me hayan sorprendido los términos del debate. La desorientación ideológica en la que se encuentra sumida la izquierda ya no puede causar sorpresa a nadie. Pero, desde un punto de vista intelectual, he apreciado una diferencia radical, en cuanto a solidez, rigor y coherencia, entre las posiciones del PSOE y del PP, lo que no ha dejado de causarme una cierta decepción. Decepción provocada al comprobar cómo resulta imposible para un demócrata creer y apoyar a una izquierda, que se encuentra perdida en la nebulosa de un cóctel de minorías identitarias y causas netamente reaccionarias (nacionalismos xenófobos y supremacistas locales, alianza con el filoterrorismo vasco, defensa del Islam realmente existente, ecologismo y feminismo radicales y excluyentes…), con olvido de sus causas tradicionales, como son la igualdad y la defensa de las capas más desfavorecidas de la sociedad.
En este contexto, no cabe sino sentir simpatía en este debate sobre el velo islámico hacia las posiciones de una derecha que enuncia principios y políticas netamente democráticas y con vocación social mayoritaria. No quiero decir que este sea un patrón general en la conducta del Partido Popular, pero, en lo que se refiere a este asunto del velo islámico, para mí, está fuera de toda duda en qué parte tiene que estar un demócrata.
martes, 18 de agosto de 2026
A IGNACIO CAMACHO SE LA TRAE FLOJA…
Ignacio Camacho dice en su columna de hoy que a Sánchez Ceuta “se la trae floja”. Conozco perfectamente el origen y significado de tan castiza expresión, pero, para confirmar mi acerbo, he consultado con ChatGPT, que me ha dicho lo siguiente:
“La expresión «me/te/le/la trae floja» es una locución coloquial, bastante vulgar, que significa «me/te/le importa muy poco o nada», «me da igual» o «no me preocupa en absoluto».
Por ejemplo:
- «Me la trae floja lo que diga» = Me importa un bledo lo que diga / Me da completamente igual.
- «A él se la trae floja» = A él no le importa en absoluto.
- «¿Te la trae floja lo que pase?» = ¿Te da completamente igual lo que pase?
¿De dónde viene?
El «la» de traérsela floja no suele referirse a ningún sustantivo mencionado previamente. Forma parte de la expresión fija. El origen es sexual y vulgar: se sobreentiende el pene, y traerla floja alude literalmente a tenerlo flácido, es decir, a que algo no provoca ninguna excitación o reacción. De ahí pasó figuradamente a significar que algo no produce interés, preocupación ni efecto alguno.
Es de la misma familia expresiva que «me la suda», «me importa un huevo», «me importa un carajo» o «me importa una mierda», aunque me la trae floja tiene un matiz que yo describiría como despreocupación desdeñosa: no solo «no me importa», sino algo parecido a «eso no consigue afectarme lo más mínimo».
Y una pequeña precisión: la forma habitual es «traérsela floja»: me la trae floja, te la trae floja, se la trae floja. No es habitual «me trae floja» sin la.”
No es la primera vez que Ignacio Camacho, usualmente sobrio y discreto, utiliza en sus columnas expresiones del habla popular. Y no es que me escandalice que lo haga, líbreme Dios. Si lo traigo aquí es porque me ha parecido singular, por el autor y por el diario en el que se ha visto publicado. Signo de los tiempos, supongo.
Ya sé que lo verdaderamente importante del artículo de Camacho no es la expresión, sino la actitud de Pedro Sánchez ante la crisis de Ceuta. O la actitud de Sánchez ante los asuntos espinosos que le conciernen, en general. Por eso comparto contigo la columna, que juzga el asunto con más finura y elocuencia de las que yo podría ofrecerte.








