Salvador Illa dice en esa
entrevista que las viviendas sociales de Cataluña deben ser para los catalanes.
¿En qué se diferencia esa idea de Illa de la “prioridad nacional” de Vox? En
nada, naturalmente. Yo no estoy seguro de que esta política, la de Vox e Illa
(PSC), merezca ser calificada de reaccionaria. Es un tema complejo y depende de
cómo se aplique y qué se pretenda. No es el tema de hoy y requiere muchas
puntualizaciones.
Pero sí estoy seguro de que Salvador
Illa y su partido, el PSC, son reaccionarios. Pero no por lo que dice en ese
vídeo. O no tanto por eso, como porque no de otro modo que de reaccionario se
puede calificar el régimen de apartheid lingüístico que perpetra la Generalidad
de Cataluña del PSC, presidida por Salvador Illa.
Y digo que se trata de un régimen
de apartheid, porque la política lingüística que desarrolla la Generalidad de
Cataluña reúne las notas caracterizadoras del apartheid, según han sido definidas
por tratados internacionales.
El Estatuto de Roma de la Corte Penal
Internacional define el crimen de apartheid, en esencia, como los actos
inhumanos cometidos en el contexto de un régimen institucionalizado de opresión
y dominación sistemáticas de un grupo racial sobre otro u otros grupos
raciales, con la intención de mantener ese régimen.
De esta definición se desprenden
tres elementos fundamentales:
- Un régimen institucionalizado, es
decir, no hechos aislados, sino un sistema organizado mediante leyes, políticas
o prácticas estables.
- Dominación y opresión
sistemáticas de un grupo sobre otro.
- Intención de mantener esa
dominación, no simplemente consecuencias accidentales o temporales.
La política lingüística promovida
por Salvador Illa y por el nacionalismo catalán, en general tiene, entre otras,
las siguientes manifestaciones:
- Prohibición de cursar los
estudios en su lengua materna a casi el 60% de los catalanes, cuya lengua
materna es el español. Como se da la coincidencia de que los estratos más desfavorecidos
de la sociedad son, en su práctica totalidad, castellanohablantes, la
discriminación que comporta este apartheid no es solo lingüístico, sino que
tiene inmediatas consecuencias económicas y sociales. Y esto es así porque los
alumnos castellanohablantes, que se ven obligados a cursar sus estudios en una
lengua que no es la suya, obtienen, por eso mismo, peores resultados académicos
que los alumnos catalanohablantes que, en general, además, pertenecen a los
estratos sociales más altos. Por tanto, en definitiva, el apartheid lingüístico,
no solo no reduce las desigualdades sociales, sino que las agudiza, en
perjuicio de los más débiles y en beneficio de los más acomodados y
privilegiados.
- Establecimiento de las
comunicaciones institucionales de los servicios públicos exclusivamente en
catalán. Nos estamos refiriendo a la señalización de los distintos servicios
(hospitales, carreteras, colegios, oficinas públicas, etc.), a las
comunicaciones por escrito de todo orden, como liquidaciones tributarias,
prescripciones médicas, calificaciones académicas, informes y certificados de
todo tipo, etc. La eliminación del castellano en todas estas actividades de
comunicación supone un perjuicio evidente para casi el 60% de los catalanes,
cuya lengua materna es el español.
- Exigencia de un alto nivel de
catalán para el acceso a los puestos de trabajo del sector público, lo que supone,
no solo una grosera discriminación para quienes no tienen el catalán como
lengua materna, sino un privilegio para los que sí la tienen y una evidente
barrera de entrada para todos los españoles que no saben catalán o no lo
dominan en el nivel exigido.
Esta política de apartheid lingüístico
que desarrollan Salvador Illa y su partido está acompañada por determinados
elementos no menos reaccionarios que el propio contenido de dicha política. Elementos
tales como el incumplimiento reiterado de sentencias de los tribunales que
obligan a la Generalidad a impartir al menos un paupérrimo 25% de las
asignaturas en castellano; declaraciones públicas de responsables políticos
jactándose de que dichas sentencias no se cumplirán; aprobación de reglamentos
y otras normas ilegales, con el objetivo específico de sortear el cumplimiento
de las sentencias; y un sinfín de tropelías desplegadas para mantener a toda
costa el cruel y desalmado sistema de la inmersión en catalán.
En definitiva, el apartheid lingüístico
catalán cumple los tres requisitos que definían el delito de apartheid, según el
Tratado de Roma de la Corte Penal Internacional:
- Es un régimen institucionalizado,
a través de la aprobación de leyes y reglamentos y el desarrollo de políticas que
pretenden suprimir el uso del español, que no solo es la lengua materna de la mayoría de los
ciudadanos de Cataluña, sino, además, de las personas que pertenecen a las capas
sociales más desfavorecidas, como por ejemplo, la nutrida colonia de inmigrantes hispanoamericanos.
- Supone la dominación de la minoría que constituye el grupo
social que tiene por lengua materna el catalán, sobre el grupo social
castellanohablante, por cuanto esta política de apartheid provoca que los
primeros obtengan mejores calificaciones académicas, mejores oportunidades de
desarrollo personal y profesional y, además, se beneficien de la barrera de
entrada a los empleos públicos que suponen las exigencias de un alto nivel de
catalán para su acceso.
- Esta política de apartheid está
diseñada, no solo para su mantenimiento en el tiempo, sino para su
profundización exacerbada, con el objetivo de que el castellano desaparezca por
completo de las esferas pública y privada de Cataluña.
- El apartheid catalán no está concebido
inicialmente en función de la raza. Esto es evidente. Pero no es menos evidente
que los arquitectos de la discriminación por razón de la lengua que se practica
en Cataluña, desde Pujol hasta Illa, pasando por Maragall, Mas, Junqueras y
compañía, han sido y son plenamente conscientes de que detrás de la lengua hay
hablantes, hay ciudadanos, hay personas. Y el objetivo expreso de dicha
política ha sido y sigue siendo el privilegio de los catalanohablantes y el correlativo trato discriminatorio de los castellanohablantes,
siendo así que los castellanohablantes constituyen en Cataluña un grupo social
determinado; precisamente, el grupo social de renta más baja y con peores
oportunidades de progreso y desarrollo personal y social. Por tanto, el
apartheid lingüístico, no es solo una política infame socialmente, sino que es
de una crueldad inaudita, al discriminar a un grupo social que merecería,
precisamente, incentivos para su progreso y no lo contrario.
Pero no es el apartheid lingüístico
el único aspecto, con ser importante, por el que considero que Salvador Illa y
su partido, el PSC son reaccionarios. Qué decir de los acuerdos de financiación
autonómica que han firmado con ERC y con el gobierno de Sánchez. Estos acuerdos,
al cederle las fuentes fiscales más potentes a la Generalidad de Cataluña y al
someter el cupo de solidaridad de Cataluña con el resto de España a la
aprobación de Cataluña producirán, necesaria y automáticamente, el
empobrecimiento del resto de España, con especial incidencia en las capas más
desfavorecidas de la sociedad. Este modelo de financiación autonómica que han
acordado Sánchez, Junqueras e Illa es, por tanto, profundamente reaccionario.
Que sea el mismo que rige en el País Vasco y Navarra no reduce un ápice el
carácter reaccionario de lo que se pretende implantar en Cataluña. Al contrario:
el desenvolvimiento de los regímenes forales a lo largo de casi 50 años ha
demostrado su profundo carácter reaccionario
En definitiva, Salvador Illa y su partido son unos reaccionarios, pero no solo ni principalmente por lo que dice Illa en ese vídeo, sino por otras cosas más importantes, algunas de las cuales he detallado más arriba.
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