Alejo Vidal-Quadras ha dicho esto en Twitter: “No se entiende
que Antonio Lucas sea columnista de El Mundo. Su apoyo a Pedro Sánchez -su
último artículo provoca arcadas- choca frontalmente con la línea editorial del
periódico e irrita a lectores y suscriptores, entre los que me cuento. Un
misterio.”
Muchos de sus lectores en Twitter le han contradicho e incluso le han afeado
esa opinión por distintas razones. En general, por ser contraria a la libertad
de expresión.
El aludido se ha defendido diciendo que, así como El País, la SER y otros
defienden a Pedro Sánchez, El Mundo el ABC y otros son sus críticos. También ha
justificado su postura aludiendo al momento excepcional que vive España,
sometida a un gobierno que, en unión de sus socios, se ha propuesto destruir la
nación y la democracia.
Es verdad que todos los medios de comunicación y sus reporteros, redactores y
columnistas cojean de alguna pata. Algunos muy ostensiblemente y otros más
discretamente. Si tuviera que mencionar el nombre de algún periodista de cierto
fuste de los que he conocido en mi vida, del que no se pueda saber, más o
menos, de qué pie cojea o cojeaba solo se me ocurre Julio César Iglesias. Creo
que todavía vive, aunque hace varios lustros que está desaparecido.
Cada uno tiene sus preferencias. La mía fue, desde su fundación y durante
muchos años El País. También he sido durante años un oyente asiduo de la Cadena
SER, del mismo grupo empresarial que El País. Hoy, la línea editorial e
informativa del periódico se encuentra previsible e insoportablemente del lado
del gobierno de Pedro Sánchez y del resto de los sectores sociales y políticos
que conspiran para destruir la nación y la democracia españolas y ataca y
denuesta o, simplemente ignora las voces y fuerzas más importantes que se
oponen al actual estado de cosas. Como consecuencia, la mayoría de los periodistas
y columnistas contrarios a la línea del periódico se han largado o han sido
despedidos, encontrando cobijo, fundamentalmente, en El Mundo y en The
Objective. Un giro ideológico similar lo ha experimentado la Cadena SER, aunque
en un tono más acusado que El País, hasta el punto de que, en ocasiones, las
emisiones de la cadena de PRISA más parecen las del órgano oficial de Podemos y
demás grupos de la extrema izquierda.
Como consecuencia de todo ello, en este momento, aunque sigo suscrito a El
País, mis medios de cabecera son El Mundo y Onda Cero y apenas oigo la Cadena SER.
Ahora bien, dicho todo esto, la opinión de Vidal-Quadras me parece
completamente equivocada y lo más alejada de lo que sería un pensamiento
liberal, en el más amplio sentido de la palabra. Estos liberales de pega...
Yo no leo a Antonio Lucas, pero no porque no me guste lo que dice, sino porque
no me gusta cómo lo dice; no me gusta su estilo literario. Pero no solo no lo
echaría de El Mundo, sino que creo que el periódico debería abrirse a un
abanico más amplio de voces. Si El Mundo despidiese a Antonio Lucas alguien
podría decir que su nivel de pluralidad se habría quedado por debajo de la de
El País. A fin de cuentas, en el diario de PRISA sigue publicando Daniel
Gascón... por el momento.
En cuanto al argumento de la excepcionalidad en la que vive España, estando de
acuerdo con el diagnóstico, no comparto que dicha situación justifique el
despido de Antonio Lucas. Este argumento se parece demasiado al que se empleó
en los años de plomo del terrorismo, para justificar toda clase de tropelías,
algunas legislativas, restrictivas de los derechos fundamentales.
En definitiva, uno debe saber qué espera de los medios informativos que
frecuenta y solo sentirse defraudado si vulneran gravemente dichas
expectativas. Lo que yo espero de un medio que me inspire confianza es que me
aporte información veraz, con el menor sesgo ideológico posible y sin ocultar
ningún ámbito de la realidad social (política, cultura, economía…) que resulte
relevante. Y, respecto de la opinión, el ideal sería que el periódico, la
emisora de radio o de televisión contemplara el más amplio espectro posible.
Como eso parece ser imposible, me conformo con que ni los columnistas ni el
propio periódico o emisora me traten como a un imbécil.